
" Ser, a la manera de la Virgen de la Anunciación, el instrumento de Cristo quien vive la voluntad del Padre, en el realismo del momento presente, en pleno mundo, dondequiera que Cristo tenga sus derechos".
El carisma, que es la gracia particular del Instituto, invita a nuestros miembros a participar, a ejemplo de María, en la misión de Jesús quien vino al mundo para hacer la voluntad del Padre. Como ella, ellos vuelven a decir cada día su fíat en un espíritu de abandono al Señor.
En el cotidiano, esta misión se vive en el realismo del momento presente y en pleno mundo. Por tanto, es en las relaciones humanas y en las actividades cotidianas, como nuestros miembros están llamados a ser instrumentos de Cristo.
Cualquiera que sea el medio de vida, un espíritu misionero debe animar a los miembros del Instituto, puesto que su campo de acción llega a ser el lugar donde ellos deben dar testimonio, "dondequiera que Cristo tenga sus derechos". Así, están llamados a sembrar la paz, a manifestar una vida fraterna auténtica y a descubrir una solidaridad con todos aquellos con quienes se relacionan.
...en el realismo del momento presente

